MUERTOS Y SANTOS

Nadie más muerto que el olvidado

Gregorio Marañón

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El día de los muertos (1859) por William-Adolphe Bouguereau.

Reconozcámoslo, para la mayoría de nosotros la palabra “muerte” es horrorosa, y no me refiero solamente a su significado, porque es que, hasta fonéticamente, ¡suena fea!; eso sí, admitamos también, que esta apreciación, está estrictamente ligada con la carga emocional que aprendimos a darle a la misma:

Incertidumbre, separación, ausencia, miedo y dolor.

Qué quiero decir…

Imaginemos por un momento que, cuando éramos pequeños, vimos una alegre fiesta de despedida, por cada uno de los familiares que fallecieron; que las películas protagonizadas por “La Pelona”, no estaban catalogadas en el género de drama, suspenso o terror, sino en el de comedia; que en los libros se representaba el fin de la existencia, como un viaje esperado y placentero; que el deceso de los nuestros era sólo un dejar de ver los cuerpos, porque seguíamos sintiendo su cálida presencia o que el luto estaba simbolizado por la claridad, las sonrisas y los colores brillantes.

De haber sido así… ¿no tendríamos una relación distinta con la muerte?

No sé ustedes, pero yo estoy completamente segura que, si hubiésemos aprendido otra cosa, el término en cuestión podría tener la misma belleza, que la palabra VIDA.

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Yo, que le entro de frente al místico, de adulta opté por expresiones como trascendencia o cambio de plano y más recientemente decidí que mis muertos, por lo menos los más cercanos, no se fueron a ninguna parte, sino que se hicieron invisibles y aquí van conmigo, ocupando sus puestos en el vagón del metro, mientras me acompañan, me guían y me protegen… además, desde que Disney decidió contarnos la historia, a través de los ojos y la guitarra de Miguel, el tierno bisnieto de COCO, mis creencias encontraron el sustento perfecto.

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la muerte es “la extinción de la vida“… ante un hecho tan contundente, cada quien decide sus interpretaciones y reacciones, pero si tengo que aferrarme a una de las mil teorías que existen, prefiero quedarme con aquella que me recuerda la importancia de honrar a mis ancestros.

Quienes hemos perdido un ser querido, sabemos que, evocarlos, no es una cuestión de calendario; aún así, alrededor del mundo y con independencia de la religión que se profese, existen días oficiales para que, devotos e infieles, conmemoren a sus finados:

  • Ching Ming – 4 ó 5 de abril (Día de los Muertos chino)
  • Gai Jatra – entre agosto y septiembre (o Procesión de las Vacas; celebración del día de los muerto nepalí)
  • Mahalaya – 15 de septiembre (ceremonia hindú para evocar los espíritus pasados; la fecha varía, dependiendo de la luna)
  • Halloween – 31 de octubre (All Hallows’ Eve: «Víspera de Todos los Santos»)
  • Samhain 31 de octubre (fiesta celta de transición y apertura al otro mundo)
  • Día de todos los Santos – 1 de noviembre (fiesta religiosa iberoamericana)
  • Día de los Fieles Difuntos – 2 de noviembre (fiesta religiosa iberoamericana)
  • Día de Muertos – 1 y 2 de noviembre (fiesta pagana mexicana)
  • Fet Gede – 2 de noviembre (o Día de Todas las Almas, celebración vudú haitiana)… entre otros.
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Gai Jatra o Procesión de las Vacas

Para la mayoría de las culturas, venerar a sus difuntos y desearles el descanso eterno es algo arraigado, incluyendo las más dispares tradiciones, como el cambio de ropa a los familiares momificados, colgar ramas de sauce para no regresar convertidos en perros amarillos, o construir una vaca con tela, papel, bambú y retratos de los fallecidos, para luego hacerlas pasear por las calles, acompañadas de niños que beben leche y llevan disfraces que representan al mismo bóvido.

Para aquellos que hablamos español, todo es un poco más sencillo y se concentra en los primeros días del mes de noviembre.

El Día de Muertos, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, tiene su “cuartel general” en nuestro “México lindo y querido”, con unos orígenes prehispánicos y algo macabros, relacionados con la conservación de cráneos como trofeos, para mostrarlos en los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento… pero ya se dejaron de eso! En el presente, la celebración es tan colorida y entrañable, como el fiel retrato que la factoría de Mickey Mouse hizo de ella.

Gracias a la nutrida comunidad mexicana, que habita en la capital española, este primer viernes del penúltimo mes del 2018, La Tabacalera de Lavapiés se llenará de tradición, música, sabor y color, con una fiesta que tendrá como concepto generador, a la pintora española y naturalizada mexicana Remedios Varo.

El programa de ese día incluirá mercadillo artesanal, mercadillo gastronómico, mariachis, performances y otras intervenciones artísticas, además de un concurso de altares, uno de fotografía y como no podía faltar, un concurso de disfraces de catrinas.

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En cuanto al resto del mundo de habla hispana, aunque abundan las historias de brujas y fantasmas y todos tenemos un cuento sobre haber oído o visto “algo”, las fiestas paganas se siguen rechazando, de manera oficial.

Es por ello que, a pesar de existir el Día de los Fieles Difuntos, una conmemoración de carácter religioso, donde se reza por quienes se quedaron atascados en el Purgatorio, tiene mucha más importancia la festividad del 1 de noviembre, conocida por todos como Día de Todos los Santos, donde se celebra a los que ya superaron la zona de tránsito celestial… vamos, que la fiesta la montamos (con día libre incluido), sólo por aquellos a quienes San Pedro les selló el pasaporte!

En España la celebración a los muertos (santos o no), también tiene sus vertientes:

  • Gaztañarre Eguna, en el País Vasco
  • Día de la Chaquetía, en Extremadura
  • Maroween, en Nerja, Málaga
  • La Fiesta de Tosantos en Cádiz
  • La Castanyada, en Cataluña
  • Nochi Los Dijuntos, en Cantabria
  • La Noche de los Finaos en Canarias
  • Fira de Tots Sants, en Cocentaina, Alicante, o
  • Samain en Galicia, entre otras…

Especial mención al Monte de las Ánimas, en Soria, una fiesta en honor al poeta Gustavo Adolfo Bécquer, autor de la obra y tocayo de nuestro guía Gus. En esta celebración, inspirada en el referido monte de la provincia castellana, se hace la lectura de la aterradora leyenda, ante el calor de una hoguera, para luego permitir que los más valientes caminen descalzos, sobre el manto de las ascuas.

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Cementerio de Nuestra Señora de La Almudena

En cualquiera de los casos, además de comer panellets, castañas, buñuelos de viento, rosquillas de anís o huesos de santos, llevar flores a los cementerios y disfrutar de los ritos, rituales y costumbres de cada región, suele ser la opción de quienes desean aprovechar la fecha, para recordar a los suyos.

Mi opción seguirá siendo pensar en los míos, sin tristeza y sin el límite de un número en la agenda… el luto es un proceso indispensable, pero una vez transcurrido un tiempo prudencial, a los muertos deberíamos recordarlos como seres de luz, que se retiraron a un lugar mejor, porque aunque la melancolía y la añoranza sean emociones comprensibles, los muertos también tienen derecho a ser recordados con alegría!

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