PLAZA MAYOR DE MADRID

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Arco de la Calle de la Sal

Cada vez que hago el recorrido por el Madrid de los Austrias y llego a ese punto donde se divisa la Plaza Mayor, me detengo a preguntarle a mis turistas, quién la conoce y quién no… esa es la forma de asegurarme un momento entrañable, al enfocar mi atención en los gestos de quienes la pisan por primera vez.

Una vez estamos en ella, les dejo un rato a sus anchas, porque no soy yo quien les va a interrumpir, mientras intentan adivinar lo que ocultan esos 12.000 metros cuadrados… y es que ese lugar contiene tanta energía, que hasta parece que susurrara una bienvenida personalizada, a cada transeúnte que la visita.

Si la Plaza Mayor cobrara vida, sería como Sybil, el personaje de un libro que leí de joven y que contaba la historia de una mujer que sufría un desorden de personalidad múltiple y se transformaba según la necesidad o la situación.plaza-mayor-madrid-2

La Plaza es como una señorita impecable y de hechuras perfectas, cuyas dimensiones exactas son fruto de la sección áurea, que le aplico un experimentado creador.

Pero también es la dama distinguida y de abolengo, que se adorna para recibir a la nobleza, que con ella serán testigos de un rey y su coronación.

Es la chica bohemia que se deja decorar con césped artificial y sin poner obstáculos, recibe intervenciones de arte conceptual.

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Césped artificial.  Intervención del artista SyP, en conmemoración de los 400 años de la Plaza Mayor de Madrid

Y es la mujer sumisa que, con vergüenza, soporta los lamentos de los inocentes y con tímida indignación, aguanta las barbaridades de la Santa Inquisición.

Es la adolescente alocada y escandalosa que huele a fría cerveza, a constante celebración y a falta de pudor.

Es la niña risueña que a ritmo de silbatos, corre tras los personajes más dispares y juega en un antiguo parque de atracciones, que tiene la itinerancia, el reciclaje y la creatividad como misión.

Y es también la madrileña tradicional, que se engalana con claveles y se viste de chulapa, para bailar un chotis en las fiestas de San Isidro, mientras celebra el aniversario de su inauguración.

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Plaza Mayor de Madrid, en 1865

La Plaza es tan versátil que hasta ha cambiado de apellido, según la ocasión lo ha requerido: del Arrabal, de la Constitución, de la República, de la República Federal, de Calvo Sotelo, Plaza Real y finalmente, la denominación que mejor define su origen y su actual eclecticismo, su apelativo democrático, su nombre de casada y señora de la capital: Plaza Mayor de Madrid.

A 600 pasos de la Puerta del Sol, con un parking que sostiene su empedrado, 10 accesos por donde cada día entran miles de pretendientes que salen de allí enamorados y teniendo de vecina a la calle Mayor, esta “mujer” de identidades diferentes y características diversas, habita la ciudad desde hace 400 años y tiene una historia tan larga y fascinante en su haber, que vale la pena conocer.

¿Te la presentamos?

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